El motor trifásico de jaula de ardilla es el caballo de batalla de la industria y el que más entra en nuestro taller. Lo reparamos entero: parte eléctrica, parte mecánica y causa de la avería.
Los síntomas se repiten: salta el diferencial o el magnetotérmico, el motor zumba y no arranca, se calienta más de la cuenta, pierde fuerza, huele a barniz quemado o hace un ruido nuevo. Casi todo se reduce a tres familias: pérdida de aislamiento, falta de una fase o problema en los rodamientos.
Cada una tiene un tratamiento distinto, y confundirlas sale caro: rebobinar un motor cuyo problema real era el rodamiento es tirar el dinero.
Cuando el devanado está para cambiar, se registra el bobinado original, se extrae, se limpian y aíslan las ranuras, se bobina con hilo nuevo, se conexiona, se impregna y se prueba.
El objetivo es que el motor salga con el mismo par, las mismas revoluciones y el mismo consumo que tenía. Un motor mal rebobinado consume más para siempre, y eso lo pagas cada mes en la factura de la luz.
Lo más habitual es que le falte una fase: un fusible fundido, un contacto sucio o un cable partido. También puede ser un condensador o el propio devanado. No lo dejes zumbando: en esas condiciones se calienta muy rápido y acabas quemando el bobinado.
Casi siempre es pérdida de aislamiento del devanado, muchas veces por humedad o suciedad. Se mide el aislamiento y se decide: a veces basta con limpiar y secar, y otras hay que rebobinar.
Depende de la potencia, del estado del motor y de cuánto trabaja al año. Tenemos una calculadora gratuita para comparar tu caso con tus propios números en la página de coste de rebobinado.
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